Desechables/disposables *

El consumo como sinónimo de felicidad. Lo desechable como sinónimo de modernidad. La adopción de hábitos nuevos como una ilusión de progreso. Tres ideas que le dieron forma, de manera casi inconsciente, a una sociedad de consumo a partir de la posguerra. Tres ideas que, de manera casi consciente, están sugeridas en la obra –y el discurso que la sustenta– que Ana Gómez nos presenta en Desechables.
Conociendo el papel de la alimentación dentro del juego de valor agregado del consumo –en el cual lo nutritivo y saludable pasan a un segundo plano– Ana Gómez hace una disección de nuestra relación con los alimentos y de cómo ésta se ha transformado a partir de su condición de bien intercambiable. Un intercambio cultural, económico y nutricional que, si bien deja a su paso toneladas de basura, niños y adultos con problemas de sobrepeso y la percepción de que “por cuatro pesos más” uno se alimenta mejor con “papas y refresco grandes”, le permite a Ana Gómez jugar con la idea de que esos desechos, físicos y emocionales, también se pueden transformar y transitar en el mismo plano en el que se mueve el consumo: el simbólico. Y es en ese plano en el cual los objetos de Hábitos parecen estar en su lugar. Ya sea como una alegoría de la promesa de la felicidad, repetitiva, genérica e intercambiable. Como un recuerdo actualizado, metafórico y con cierta carga de justicia. O como una metáfora de nuestro sentido de supervivencia, adormecido con el servicio a domicilio y el drive-thru. Porque Ana Gómez hace evidente –sin caer en lamentaciones– que la adquisición pasa por un proceso de adaptación. Y lo hace intercambiando, renovando o provocando el valor de cada objeto –no olvidemos que el consumo se hace de fetiches para subsistir. Objetos que son, en sí mismos, posibilidades de lo que se ha perdido y de lo que se adquirió. Sugiriendo, de manera lúdica y nostálgica, que transformación y oportunidad son sinónimos.
La obra reunida en Desechables es, en todos sentidos, una consecuencia.
De haber decidido trabajar con la cerámica como soporte para hacernos recordar su presencia cotidiana y olvidar su fragilidad. De una preocupación real y apremiante por contribuir a una arqueología del intercambio social y cultural contemporáneo. De creer que al compartir una visión personal se puede provocar, ya sea complicidad, rechazo, reflexión o muchas reacciones más salvo, eso espero, la apatía.
M Sanabria

*Proyecto realizado con el apoyo del programa Jóvenes Creadores del FONCA.